artigos.gif (4618 bytes) logjornal.gif (4234 bytes)

Ano V - Nº 72 - Setembro  de 2003

Formación integral del
odontólogo latinoamericano

Roberto Beltrán* - Lima (Peru)

 
beltran.jpg (5851 bytes)

América Latina es un continente conformado por un conjunto de naciones que comparten las mismas raíces y tradiciones culturales. La situación de pobreza y marginación social de una gran proporción de sus habitantes es en la actualidad una de sus características en la mayoría de nuestros países, en medio de alarmantes niveles de corrupción en los distintos sectores de la vida nacional.

Frente a esta situación, debida a la mala distribución de la riqueza y a factores tan apremiantes como la deuda externa -la educación y particularmente la educación universitaria- tienen una grave responsabilidad, pues es la formadora de los cuadros científicos, técnicos y políticos encargados del gobierno, de la producción de bienes y servicios y de la vigilancia que debe ejercer una sociedad civil educada, alerta y participante.

Para que los graduados de nuestras universidades puedan cumplir con sus deberes de ciudadanos cabales requieren una formación integral que los capacite como agentes éticos, activos en la cultura, economía y política de sus países.

La formación del odontólogo no escapa a esta necesidad, más aún si la percepción social de esta profesión la ha concebido tradicionalmente como encerrada en su campo sin mayor proyección en el desarrollo social y económico de las comunidades donde practica y de la nación a la que pertenece.

De ahí que no sea extraño que como profesional, a diferencia del médico y de otros graduados universitarios, carezca de espacio más allá de los linderos de su consultorio sea público o privado. De ahí que no sea extraño que los programas de salud bucal que se desarrollan en el sector público sean de tan estrecha concepción, dejando fuera del alcance del progreso de la profesión a vastos sectores de la población de menores recursos.

Podemos decir, autocríticamente, que en muchos de nuestros países la Odontología no alcanza a tener legitimidad social pues no satisface las necesidades de los pueblos.

Frente a este panorama, las universidades y sus facultades de odontología deben revisar profundamente sus planteamientos de visión y misión institucional y abrirse a los amplios horizontes que tienen que ver con la satisfacción de las necesidades de salud.

Necesitamos nuevos planteamientos frente a la realidad de cada país en toda su diversidad. Necesitamos nuevos propósitos y nuevos currículos. Nuevos métodos y otras experiencias educativas que pongan al alumno en contacto íntimo y activo con las necesidades del país. Que lo habiliten para asumir posiciones de liderazgo social y político. En suma, que lo formen para integrarse a la sociedad con toda la plenitud de ser ciudadanos responsables.

Para que los currículos puedan cumplir con estos propósitos educativos deberán ser revisados para eliminar lo innecesario y hacer espacio para incorporar a las competencias propiamente odontológicas, aquellas otras que lo habiliten para la comunicación y para el intercambio social.

Y, ciertamente, no se trata de carga curricular excesiva que no quepa en la duración de la carrera, se trata más bien de integrar orgánicamente las competencias de comunicación y liderazgo en la estructura misma del aprendizaje de la práctica odontológica dirigida a satisfacer las necesidades colectivas o individuales.

Por otra parte, debemos pensar que la formación académica y profesional no concluye con el pregrado. Existen los niveles de maestría y doctorado en la línea académica y las especialidades en lo tecnológico. Estas dos líneas de desarrollo no deben significar una división tajante. Ambas deben tener en común competencias para la comunicación y el liderazgo social que les permita participar con todo derecho en las tareas del desarrollo y el cambio.

Una de las barreras que hasta ahora ha limitado el impacto social de la Odontología es haber soslayado el hecho de que, junto con la formación para la atención de individuos, la facultad tanto en el pregrado como en el postgrado debe capacitar para la atención colectiva en el campo vastísimo de la salud pública. Hoy mismo los currículos cargan las tintas en lo tecnológico como serie de procedimientos destinados a atender el daño individual.

Cuando se crearon los departamentos de odontología social o comunitaria o los cursos de salud pública, estos fueron acogidos porque existía en el profesorado la sensación de que en efecto era necesario atender lo colectivo. Sin embargo, muy pronto esos mismos profesorados se encontraron con que había que ceder tiempo curricular para cursos y actividades cuyos lenguaje y prácticas no formaban parte del lenguaje y de la práctica tradicional de la Odontología. El rechazo abierto o disimulado, o simplemente el desinterés, arrinconaron a los pioneros de la odontología social en una esquina donde eran vulnerables a los ataques del profesor tradicional y al poco entusiasmo de alumnos sobre los cuales éste tiene gran ascendiente.

Se precisa un movimiento de nivel universitario que conduzca al replanteamiento de la enseñanza de la salud pública, de modo que la atención colectiva sea el punto de partida para entender y practicar la atención individual. En otras palabras, la atención individual debe ser una forma de la atención colectiva de la salud antes que el solo tratamiento de un episodio patológico que podía haber sido previsto y prevenido en la mayoría de los casos.


* Profesor Principal de la Facultad de Estomatologia de la Universidad Peruana Cayetano Heredia de la cual fue gestor, fundador y primer Decano. Consultor de OPS/OMS desde 1967. Ex Director de Programas de la Fundación Kellogg. Ex-asesor de la Presidencia de FOLA/ORAL. Docente de Odontología desde 1955. Autor del libro "Educación en Odontología - Manual del Profesor. Coautor de "La practica Estomatologica en el Peru - encuesta nacional -" Tiene en preparacion "Aprendizaje intensivo a dedicación exclusiva".

PRIMEIRA PÁGINA

EDIÇÕES ANTERIORES

ARQUIVO DE LEGISLAÇÃO

FALE CONOSCO