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Ano III - Nº 47 - Segunda quincena de Noviembre de 2001

LA HUMANIDAD EN UN GRANITO DE ARENA

Enrique Cister* – Chascomús (Argentina)

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Desde cada rincón del planeta escuchamos con dolor el más enérgico repudio al ataque terrorista del martes 11/09/01.

Desde cada rincón de nuestra Región Latinoamericana, ese repudio tomo forma, más allá de los sistemas políticos que cada país practica, mas allá de la concepción religiosa que puedan profesar sus gentes, mas allá de toda diferencia o similitud que como estructuras nacionales pudieran presentar. La voz humana gritó, repudió.

Lo que se escuchó fue el crujir, del respeto a la vida como valor del inconsciente colectivo.

Lo que gritó y repudió no fue otra cosa que la memoria de la humanidad.

Lo que gimió y lloró fue el futuro de esta sociedad contemporánea.

Sabemos, sentimos y sostenemos que la gran mayoría de los habitantes de la tierra, solo ansiamos la paz como lugar donde ver crecer a nuestros hijos.

Sabemos que el atentado de New York fue un atentado contra la humanidad.

Sentimos que no hay banderas ni religiones que puedan enrolarse en semejante locura, y aunque pareciera que si las hay, no representan nada mas que un reducido grupo que apropiándose de una tela de colores o un símbolo de fé, matan, vaciándolos de absoluto contenido. Esos símbolos de creación siempre fueron sinónimos de vida y no de muerte y si bien marcan limites humanos, son un estimulo históricamente necesario para aprender a respetarnos aún desde las diferencias.

Sostenemos que los pueblos del mundo, las mayorías silenciosas deben reaccionar frente a todo terrorismo, frente a los hacedores de la muerte de cualquier signo o extracción.

En un mundo de 6200 millones de personas, el solo el ataque a una de ellas, su dolor, debe ser considerado un golpe a la humanidad. Lamentablemente en nuestro mundo, el dolor se ha entronizado y la distorsión en la distribución de las riquezas es su más firme consejero. Nos acosan diversas formas de terrorismo, ideológico, religioso, financiero, todas ellas repudiables.

Se condena y lastima a un pueblo no solo con armas y atentados esporádicos. Existen métodos más elaborados y no menos violentos, de todos los días, como la pobreza que genera la usura de los centros financieros internacionales. Eso también debe considerarse terrorismo.

Un mundo que destina cada año 0,85 Cts. Por habitante en salud y 135 U$S por habitante en armas.

Un mundo que se sabe poseedor de 2000 millones de pobres.

Un mundo donde el 95% del gasto de investigación medica se dedica a resolver los problemas de salud de los 1000 millones más ricos del planeta.

Un mundo con casi 900 millones de analfabetos, y 1000 millones de personas que viven con menos de 1 dólar diario.

Un mundo donde la mitad de la humanidad nunca hizo ni recibió una llamada telefónica.

En un mundo que necesita nuestro granito de arena por que no le alcanza, ni alcanzará nunca, solo con repudiar los actos terroristas.

Debemos trabajar desde la trascendencia de nuestro granito de arena desde el lugar que nos haya tocado en la construcción de un mundo con mas equilibrio, de países más justos, de instituciones profesionales con criterios más amplios, de universitarios más solidarios, de gente a favor de la gente.

Ese compromiso, esa red social de respeto, será sin dudas la mejor forma de combatir el terrorismo todos los días.

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